Renacer Capítulo 30

24 Feb

¡Hola mis pequeños zombies :D!

Hace mucho tiempo que no subo nada sobre mi relato, pero he aquí el último capítulo. Sin embargo, puede que sea el último capítulo de esta novela, pero quién sabe…a lo mejor habrá más.

Capítulo XXX

Nos habíamos trasladado a la comisaría, esperando a la nueva transmisión del capitán Esprachinki. Aseguramos todo el interior del edificio, y como había pasado últimamente, no había nada; ni rastro de zombies en alguna esquina o en algún rincón escondido esperando a atacar. Nada, solo polvo y silencio.

Los días iban transcurriendo y ninguna transmisión nos llegaba. Desesperados intentábamos contactar con ellos, pero no hubo suerte. Al final nos resignamos y nos concienciamos que teníamos que esperar hasta que fueran ellos quiénes contactaran con nosotros. Mientras esperábamos, íbamos recolectando las provisiones que podíamos. Desvalijamos todas las casas en busca de comida enlatada, algún libro para, en un futuro, seguir educando nuestra mente, cualquier objeto que nos valdría en una vida venidera. Para nuestra fortuna, el destino nos sonrío. Encontramos bastantes conservas, muchos libros, tanto infantiles como para adultos, munición, armas nuevas e incluso le fabricamos a Amira una pequeña arma para que ella misma se defendiera si nos veíamos en una situación de apuros. Todo iba tan bien, no me lo podía creer, después de tantos kilómetros recorridos, de tantos seres queridos devorados por esos cabrones, después de miles de lágrimas derramas, estábamos allí. Una nueva vida se abría ante nosotros, un nuevo camino que recorrer todos juntos. Sin embargo, mi insensatez iba en aumento, mi ignorancia no tenía límites, bajé mi guardia y no preví lo que pasaría.

Durante los días que estuvimos buscando nuestras provisiones, algo en mi interior me advertía que algo muy peligroso se aproximaba hacia nosotros, pero mi mente lo rechazaba una y otra vez. Por más que intentaba averiguar qué era aquello que mi instinto me advertía, desconocía lo que era. Así que, sin más, lo olvidé. Habían otras cosas que requerían mi atención. ¡Qué idiota fui!

Era de noche y todos dormíamos. Algo me despertó. Abrí mis ojos como pude y vi una luz roja parpadeando. Me levanté rápidamente, cogí el walkie-talkie del transmisor y contesté:

-¿Sí?- pregunté con ansia.

-¿Eres del grupo de Daviel?

-¡Sí! ¡Sí! Me llamo Aral, un momento que le paso con Daviel.

Empecé a zarandear a Daviel y este despertó. Al verme con el walkie en la mano lo entendió todo. Mientras él hablaba con el capitán, Amira y yo recogíamos todas nuestras cosas y lo preparábamos todo para largarnos de ahí.

-Sí, estoy aquí Esprachinki. Soy Daviel, dime.

-Hola compañero. Estamos cerca de Maspalomas. Unos cuantos minutos más y nuestra lancha bajará para buscaros. ¿Tienen alguna linterna o bengala?

-Sí, tenemos unas cuantas linternas.

-Bien, con ellas podremos veros. Mucha suerte amigo. Por cierto, ¿quiénes van contigo?

-Mi novia, Aral, con la que acabas de hablar y…- miró hacia Amira y dijo- y mi hija, Amira.

-Muy bien, dense prisa, ya vamos a anclar el barco.

-Muchas gracias, ahí estaremos.

Daviel colgó el walkie y nos miró.

-Nos vamos.

Amira me miró y sonrió. Nos cargamos con todas nuestras mochilas y comenzamos a caminar en dirección a la playa. Todo estaba desierto. No había ningún zombie. De todos modos, intentamos camuflarnos para que nadie, ni vivo, ni medio muerto, nos encontraran.

Casi habíamos llegado a la orilla cuando vi algo por el rabillo del ojo. Me paré en seco y mandé a Daviel y a Amira a hacer lo mismo. ¿Qué es lo que había visto?

Me adelanté algunos pasos y ante mí se imponía una especie de granjero, construido de una manera pobre y débil. A saber cómo lo había hecho, pero ahí estaba. Sin embargo, sus paredes estaban derruidas, el tejado destruido en el suelo. Mi instinto me había engañado, ahí no había nada, lo más seguro era que hubiera visto algún gato o alguna gaviota.

-¡¡Aaaaahhhhhhhhh!!

Mi giré hacia el grito y no pude contener un alarido de desesperación.

-¡¡Nooooooooooooooooo!!

Zombie

Un zombie se tiró sobre Daviel, pero este se defendió, hundiéndole el hacha en la cabeza. Entonces, miles de zombie comenzaron a salir de entre las dunas sedientos de sangre.

Amira comenzó a correr hacia la orilla con las linternas encendidas y agitándolas en lo alto. Daviel siguió luchando con ellos para retrasarlos.

-¡Aral corre!

-¡NO! ¡No pienso dejarte! ¡Otra vez no!

Degolló a un no muerto y se dirigió hacia mí. Me agarró de mi chaqueta y me arrastró hacia donde estaba Amira. En ese instante vimos la lancha, ya solo quedaban unos cuantos metros, pero los zombies se abalanzaban sobre nosotros, deseosos de probar nuestra carne después de tanto tiempo. Entonces Daviel se giró, posó sobre mi vientre una mano y me dijo:

-Cuida de nuestro hijo y de nuestra hija. Ahora solo quedas tú amor mío. Te Quiero.

 Luego se dirigió hacia Amira.

-Y en cuanto a ti pequeña, tendrás también que cuidar de tu hermanito y de tu madre. Te convertirás en una gran guerrera. No olvides ser feliz princesa. Siempre estarás en mi corazón.

En ese momento gritó, dirigiéndose a los hombres de la lancha que ya podían oírnos:

-¡Llevadlas a un lugar seguro! ¡No se preocupen por mí!

Y así, sin más, empezó a correr hacia los zombies como un kamikaze, haciendo que estos se giraran hacia él, y no hacia nosotras.

-¡Nooooo!- grité mientras comenzaba a correr hacia él. Pero los hombres me habían sujetado, al igual que a Amira, y nos subían a la lancha.

Amira lloraba desconsoladamente y yo fingía no hacerlo. Uno de los hombres sacó un francotirador y apuntó. No sé cómo lo hizo, puesto que era de noche, pero disparó y vimos como un cuerpo se desplomaba. Daviel ya no volvería nunca más.

Nos alejamos de la orilla mientras veía la luna iluminándonos desde lo alto. Giré mi cabeza hacia el barco alumbrado por grandes focos. Amira me miró y dirigió su cabeza hacia el buque. Nuestra nueva vida se acercaba a nosotras más rápido de lo que habríamos querido. Para ello habíamos perdido a un ser tan importante, que ahora en nuestros corazones faltaba una pieza. Sin embargo, él nos dio la oportunidad de vivir, de seguir un nuevo sendero que se extendía ante nosotras. Mi mano se posó en mi vientre, en el mismo sitio que la de él, sentí su fuerza invadiéndome. Viviríamos para renacer.

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