Renacer Capítulo 29

5 Dic

¡Hola pequeños zombies!

Aquí les traigo el capítulo 29 de mi novela. Espero que les guste 😀

 

Capítulo XXIX

Era de noche y no podía dormir. Me levanté de la cama, Daviel dormía plácidamente a mi lado, soñando en otro mundo más vívido y colorido. Salí de la habitación y comencé a dar vueltas por la planta de arriba, buscando algo que aún no sabía. Mi mente vagaba por mis pensamientos, haciendo que no pudiera dormir. Entré en una habitación al final del pasillo, había estado ahí, pero no me había fijado en los objetos que allí se encontraban. La luz de la luna me iluminaba, empecé a abrir los cajones uno tras otro, hasta que, en el último, encontré una radio. Era vieja, de color marrón y con forma ovalada. La llevé hasta mi habitación, la coloqué en la mesilla de noche y recé para que funcionara, pues mañana intentaría saber qué pasaba a nuestro alrededor.

Cuando me desperté ya era de día. La luz invadía mi rostro, incitándome a levantarme y comenzar un nuevo día. Daviel y Amira estaban abajo preparando el desayuno. Me vestí, cogí la radio y bajé.

-¿Qué es eso?-preguntó Amira al verme.

-Es una radio, la encontré en uno de los cajones de la habitación que está al final del pasillo. Espero que funcione.

Me senté en la mesa, mientras Amira y Daviel me rodeaban. Enchufé la radio en la clavija de la pared, sabía que la casa tenía electricidad pues habíamos visto que tenían un generador y este aún funcionaba. Con el corazón en la garganta, apreté el botón de encendido y, en ese preciso instante, lo oímos.

-Supervivientes, aún hay vida. Seguimos con vida, tenemos agua, alimentos, un lugar para vivir, para volver a empezar de nuevo. Si están ahí, respondan por favor. ¡Respondan por favor!

La voz seguía transmitiendo el mismo mensaje una y otra vez. Miré a Daviel y este me entendió, teníamos que conseguir a toda costa algo para contactar con los otros supervivientes. Apagué la radio y comenzamos a pensar en algún sitio en donde pudiéramos encontrar el artilugio que buscábamos. Entonces Amira dijo:

-Oye, ¿en una comisaría de policía no podría haber eso que buscamos o algo parecido?

Los dos la miramos con una sonrisa en nuestros rostros, aquella pequeña nos había dado la solución. Iríamos a la comisaría del pueblo para buscar el transmisor.

Amanecer de los muertos

No perdimos ni un minuto, aseguramos la casa y salimos al pueblo. Tardamos alrededor de una media hora en llegar a una calle secundaria. Seguía sin haber zombis por ninguna parte, las calles estaban desiertas y limpias, ni tan siquiera había ningún no muerto en el suelo o agachado. Seguíamos sin saber dónde estaban, pero continuamos nuestro camino. Entramos en la comisaría con nuestras armas cargadas y listas para aplastar algunas cabezas, pero, al igual que en la calle, el interior de aquel edificio estaba desierto.

Buscamos por todas las habitaciones hasta que encontramos lo que queríamos. Llamé a Daviel, pues era él el que conocía todos esos artilugios. Estuvo durante algunos minutos intentando que funcionara, ya estaba preparada para buscar algún generador, cuando se encendió. Daviel cogió el walkie-talkie que estaba atado al transmisor, buscó la frecuencia del mensaje que habíamos oído, apretó el botón de encendido y dijo:

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

No obtuvimos respuesta. Daviel volvió a intentarlo.

-¿Hola? Si hay alguien ahí que conteste por favor. Me llamo Daviel y conmigo hay dos personas más, Aral y Amira. Por favor, contesten.

Tardaron algunos minutos, pero contestaron.

-¿Sí? ¿Sigues ahí Daviel?

-¡Si,si,si! Dios. ¡Qué gusto hablar con más personas!

-Lo mismo puedo decir. ¿Cómo han podido contactar con nosotros?

-Estamos en una comisaría de un pueblo costero, oímos su mensaje esta mañana y decidimos intentar contactar con ustedes.

-Pues bien hecho chicos. Me llamó Esprachinki y soy el capitán del “Belinda”. Hemos estado surcando los mares intentado rescatar a los supervivientes y por ahora somos unas dos mil personas en este barco.

-Debe ser un barco grande para albergar tantas personas.

-Le aseguro que mi pequeña es enorme y tiene sitio de sobra. Tendrán que decirme dónde están para ir a buscarlos. No les dejaremos tirados amigos míos. Ahora son parte de mi tripulación.

-Muchas gracias capitán Esprachinki. Nos encontramos al sur de Gran Canaria, cerca de Maspalomas.

-Es una buena posición para ir a buscaros. Bien, haremos lo siguiente. Nosotros pararemos cerca de la playa y una lancha irá a buscaros. Estén atentos a nuestra frecuencia, os diremos cuando tendréis que estar en la orilla. No tardaremos mucho. Cuidaos chicos.

-Gracias Esprachinki.

Amanecer de los muertos

Volvimos a apagar el transmisor. Teníamos una esperanza, nos podríamos salvar, volver a empezar en un lugar seguro para vivir, para forma la familia que estábamos a punto de tener. Regresamos a la casa, recogimos todas nuestras pertenencias y nos acomodamos en la comisaría. Era más peligroso estar allí, pero no podíamos ir y venir cada día, así que era más eficiente dormir dentro del edificio.

Teníamos nuevas oportunidades de volver a vivir, de poder seguir adelante, sin tener que protegernos, sin tener que mirar tus espaldas a cada minuto que pasaba, sin tener que desconfiar de las personas. Nos acostamos con nuevos horizontes que imaginar, con nuevas personas que conocer, con una nueva vida por delante. Dormimos plácidamente, sin imaginar que aquellas fieras que gritaban por comer estaban libres, campando por todos sitios, y lo más peligroso, venían hacia nosotros implacablemente.

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