Renacer Capítulo 27

11 Nov

¡Hola pequeños zombies!

Aquí les traigo el capítulo 27 de mi novela. Si la van siguiendo os aseguro que el final os dejará con la boca abierta :D.

 

Capítulo XXVII

Habíamos descansado durante algunos días en aquella casa abandonada por sus dueños en su huida hacia un lugar seguro que nunca encontrarían. Nuestros ánimos se habían recuperado, Elías y Débora ya descansaban en alguna parte pacíficamente y ya no nos atormentaban en nuestros sueños. Nuestras provisiones se iban acabando, así que tarde o temprano tendríamos que salir de allí, pero todavía era muy pronto. Hacía mucho tiempo que no teníamos aquella paz, desde que salimos de la casa en donde nuestra esperanza de ver a Daviel se hizo realidad. Éramos como una familia; Daviel y yo nos unimos más en aquel período, siempre juntos, cuidándonos mutuamente y enseñando a Amira todo lo que tenía que saber sobre el mundo, mientras que ella escuchaba con atención y curiosidad, preguntando sobre todo lo que veía o sentía.

Durante los primeros días todo fue sobre ruedas, nuestras provisiones eran las suficientes como para poder sobrevivir, la casa era segura y ningún zombie nos había seguido. Todo era maravilloso, pero poco a poco empecé a sentirme mal; vomitaba y me dolía todo el cuerpo. Aquello era muy extraño, intenté recordar si había comido algo en mal estado o me había aruñado con algo que pudiera transmitirme alguna enfermedad, pero mi mente no conseguía recordar absolutamente nada. Sin embargo, con el tiempo, se me fue pasando, pero notaba que algo raro pasaba en mi cuerpo.

La comida se iba gastando, así que decidimos irnos de aquella casa. Caminamos hasta llegar a un pequeño pueblo, cerca de nuestra morada. No era un pueblo costero, pero podíamos notar la brisa fría en nuestros cuerpos, refrescándonos. Nos acercamos a una tienda que parecía tener de todo un poco y mientras Daviel y Amira cargaban nuestras mochilas con víveres, yo recorrí un pasillo buscándolo. Estuve durante algunos minutos mirando todos los rincones de aquella tienda hasta que lo encontré detrás  de cajas vacías. Cogí unos cuantos y los guardé sin que nadie me viera.

Salimos de la tienda y no divisábamos ningún zombie. Era algo extraño, pero no le dimos importancia. Ni siquiera mi instinto que tantas veces me había salvado me hizo notar que eso era algo imposible, tenían que haber no muertos por alguna parte. Pero estaba tan preocupada con otros asuntos que no me percaté de ese indicio.

Ya era de noche y nos refugiamos en una casa alejada del pueblo. Daviel fue a asegurar el perímetro de la vivienda y mientras Amira acomodaba el salón para poder dormir en él, yo entré en el baño de la casa con una pequeña bolsa. Leí las instrucciones del prospecto y realicé cada paso con cautela. Estaba tan nerviosa; si daba positivo, todo iría fatal. No por la propia situación, si no por el mundo en el que vivíamos.

Pasó el tiempo que marcaba la caja y nada apareció en aquella pantallita tan pequeña. Me puse histérica, pero luego me relajé y pensé que había pasado mucho desde que una persona lo utilizó, así que esperé hasta que mostrara algo. Caminaba de un lado para otro sin poder sentarme, con un dolor en el estómago, con la incertidumbre de lo que podía ver. Entonces me detuve, mi instinto me decía que algo había surgido en aquella pantalla. Me acerqué al poyete en donde se encontraba el grifo y lo vi. Daba positivo, estaba embarazada.

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