Renacer Capítulo 26

27 Oct

¡Buenas pequeños zombies!

Aquí les dejo el capítulo 26 de la novela que escribo. El final se acerca y nuestros protagonista han perdido a dos de sus mejores amigos. ¿Podrán sobrevivir al apocalipsis o perecerán en el intento?

 

Capítulo XXVI

Corrimos, corrimos cuanto pudimos. Nuestros rostros estaban anegados en lágrimas. Cargados con las mochilas, provistos de todo cuanto necesitábamos, pero solo éramos tres.

Daviel corría a mi lado con la mirada fija hacia el frente, las manos agarrotadas en las asillas de las mochilas con la mandíbula tensa de furia. Amira se encontraba a mi derecha, lloraba sin cesar, intentando no caerse, esquivando cada árbol o piedra en el camino. Mis piernas se movían automáticamente, no sabía a dónde íbamos, pero corríamos hacia adelante, sin pararnos a pensar en lo que había ocurrido, recordando cada mirada, cada paso dado, cada pérdida.

Huíamos de nuestro pasado, intentando darle esquinazo para que no se chocara con nosotros con la fuerza de un tifón y nos destruyera por dentro. Una y otra vez la cara de Débora volvía  a mí, cómo había caído de rodillas, cómo me había mirado y me había dicho sin pronunciar palabra: “Cuídalos”. Lo único que me hacía volver a mi paz interior era que Baco yacía muerto y, cruzaba los dedos para que así fuera, desgarrado por los zombies, con las tripas desparramadas por todos lados, desfigurado por los dientes de los no muertos.

Seguíamos corriendo, ya no nos seguían, pero seguíamos avanzando. Intentando no pensar en ellos, en nuestros amigos, aunque todos sabíamos que tarde o temprano lo haríamos. Nuestra mente nos los recordaría una y otra vez.

Tardamos alrededor de tres horas en llegar al final del bosque. Interminables cultivos se extendían ante nosotros. Nos paramos a contemplar aquel paisaje. Ningún ser vivo a nuestro alrededor, solo el viento azotando cada rincón del planeta, las nubes bailando sobre nosotros, los rayos de luz brindándonos esperanza y libertad; nos invitaba a seguir luchando.

Nos pusimos en marcha con nuevas fuerzas, comenzando un nuevo viaje después de regresar del infierno. Habíamos perdido a dos compañeros, a dos grandes amigos y confidentes, pero teníamos que seguir por ellos, su vida no sería en vano, los recordaríamos y viviríamos por ellos.

Seguimos caminando a paso ligero con la esperanza de encontrar un refugio abandonado para poder descansar. Sin embargo tardamos bastante tiempo en encontrarlo, pero cuando lo hicimos nuestras caras se iluminaron. Era una casa vieja, ya abandonada antes del apocalipsis, pero serviría para recuperar las fuerzas perdidas durante la caminata. Nos adentramos en ella, la aseguramos y nos instalamos.

Después de comer, Amira se quedó profundamente dormida, mientras Daviel y yo nos acurrucábamos en el sofá del salón.

-¿Qué vamos  a hacer ahora?-preguntó Daviel.

-Solo nos queda una opción, volver al sur. A lo mejor ya no está tan mal como antes. Además podemos coger un barco y salir de aquí. Empezar una nueva vida en otro sitio.

-Tienes razón. Lo conseguiremos.

Entonces Daviel me besó y con un fuerte tirón me acostó en el sofá y siguió besándome, recorriendo mi cuerpo, volviendo a deleitarse con mis curvas. Pero no había prisa, teníamos toda la noche para nosotros.

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