Renacer Capítulo 25

14 Oct

¡Hola a todos!

Si seguís mi pequeña novela, estarán esperando este capítulo, el desenlace de la salida de nuestros protagonistas de una sociedad infernal con el único objetivo de salir vivos. Sin embargo, uno de ellos ya ha muerto, ¿saldrán todos los que quedan con vida?

Capítulo XXV

Los zombies se acercaban sin intención de frenar hacia nosotros y las armas no parecían hacer ningún efecto sobre su marcha, seguían acercándose sin piedad hacia su comida.

Nosotros aún estábamos en el cuarto asimilando la información que nos había contado Daviel, nuestro querido amigo, aquel que nos había brindado su sonrisa cada mañana, aquel que nos había protegido, aquel que me había arrastrado para salvar mi vida, aquel que me había animado cuando pensaba que mi mundo se derrumbaba; ahora, esa persona ya no estaba, en vez de ella había un ser sin sentimiento alguno, ni razón, ni opinión. Ni lágrimas, ni amor que compartir, solo una carcasa vacía intentado a toda costa saciar su hambre sin fin. Y todo por culpa de aquellas despreciables ratas sucias y sin ningún tipo de valor. Esto no podía quedar así, era la hora de atacar desde el interior.

Me levanté como pude y comencé a recoger mis cosas, todo el mundo me miró, me volví y dije:

-Es hora de vengarnos. No me voy a quedar de brazos cruzados después de que esos miserables le hayan hecho eso a Elías. Es algo que no soporto, deben pagarlo muy caro.

-¿Pero cómo la haremos?- preguntó Daviel.

-Muy sencillo. Lo primero de todos es abastecernos con provisiones, luego volveremos a nuestros puestos.

-¡¿Qué has dicho?!-gritó Débora.

-Tranquilízate y piensa un poco. Mientras ellos piensen que nosotros seguimos haciendo nuestras tareas no sospecharan de nosotros y podremos tramar nuestra venganza.

-Cuéntanos tu plan-dijo Daviel.

-Pues bien, seguramente el ataque de los zombies empeorará en unos minutos y todos los hombres de Baco irán a la azotea a intentar frenarlos. Eso quiere decir que la puerta del cobertizo con nuestras armas y demás armamento estará sin protección. Esa será nuestra oportunidad. No tendremos mucho tiempo, así que debemos ser rápidos. Estoy segura que ahí dentro hay explosivos. Los cogemos y sin que nadie repare en nosotros, los colocaremos cerca de las verjas principales. Las detonaremos, las verjas caerán y los zombies entrarán.

Todo el mundo me miraba expectante, impacientes por saber su misión en aquel maquiavélico plan.

-Esa parte de los explosivos la haremos Daviel y yo. Por otro lado, Amira y tú tendréis que ir con todas las bolsas que tengamos a la cocina para coger toda la comida que podáis cargar.

-Pero si los zombies están por la entrada, ¿cómo saldremos de aquí?-preguntó Amira.

-Buena pregunta Amira. Mientras daba un paseo para sopesar la situación pude fijarme que en la parte trasera en la valla más alejada hay una puerta metálica.

-¡¿Qué?!-preguntaron todos al unísono.

-Lo que oís. Cuesta verla, pero me acerqué lo suficiente como para poder descubrirla. Además después de esa puerta esta el bosque y podremos camuflarnos en él. Así las familias que viven aquí y quieran marcharse podrán hacerlo también. El único fallo que veo a este plan, es que hay que asegurarse que Baco y sus hombres se queden encerrados para que se los coman vivos y les desgarren sus apestosas entrañas.

-De eso me encargo yo-dijo Débora.

-Pues bien, manos a la obra. Por cierto Débora, si Amira y tú termináis antes de lo provisto, alerta a las demás familias sobre la puerta metálica. Seguro que te lo agradecerán.

-Tienes razón, tengan cuidado.

Débora desapareció con Amira a su lado cargadas de numerosas bolsas. Mientras tanto Daviel y yo nos ocultamos en la parte trasera vigilando el cobertizo. Tuvimos que esperar durante bastante tiempo hasta que mis predicciones se hicieron realidad. Baco en persona bajó hasta la puerta de la caseta para ordenarles que tenían que ir a la azotea para ayudarlos. Los dos hombres que custodiaban la entrada a nuestra pequeña mina de oro se fueron, abandonando por unos momentos el edifico que guardaba en sí las armas. Salimos corriendo de nuestro escondrijo y con mucha fuerza y la ayuda de una palanca abrimos la puerta. Ante nosotros teníamos un armero de un sinfín de armas de todo tipo, desde armas blancas y de corto alcance hasta armas de fuego de gran calibre y larga distancia. Además de equipos preparados para la guerra como gafas de visión nocturna, un kit de emergencia, etc.

Reaccionamos de inmediato. Abrimos nuestras bolsas y comenzamos a cargar de armas y munición, así como de los equipos. Cogí una bolsa pequeña encargada de transportar el objetivo de nuestra intrusión. Me costó encontrarlas, pero ahí estaban. Las minas se encontraban al final de un estante. Cargué la mochila y salimos con las bolsas a rebosar de armas y las guardamos en nuestro cuarto. Amira y Débora habían llegado y portaban sendas bolsas a rebosar de víveres. Las depositaron cerca de las nuestras repletas de armas y se dispusieron a cumplir el segundo cometido. Ahora tocaba la parte difícil del plan.

Todos los hombres que portaban armas se encontraban en la azotea, o eso creíamos. Corrimos hasta la entrada y vimos a grupos de hombres a ambos lados de las verjas disparando sin ton ni son a los cuerpos andantes sin ninguna puntería. Nos miramos mutuamente, aquello era un problema. Si íbamos y colocábamos los explosivos, todo el mundo se daría cuenta y nuestro plan fallaría. Había que alejar a uno de los grupos para así poder esconder las minas en una sola zona de la entrada principal.

Daviel entendió enseguida lo que debía hacer. Con decisión se acercó al grupo que estaba más cerca y a gritos dijo:

-¡Dios! ¡Ayúdennos! ¡Hay zombies por el lateral derecho! ¡Vengan! ¡Hay que matarlos!

Por un momento aquellos hombres se quedaron mirando a Daviel preguntándose de dónde demonios había salido, pero no se cuestionaron si lo que decía era cierto o no. Tan deprisa como sus piernas les permitían fueron hacia donde Daviel les había dicho. Cuando ya no los pude ver me acerqué a donde antes había estado  y con mucha precaución me agaché y comencé a enterrar las minas a distancias cortas para que cuando una estallara las demás lo hicieran también, sería como un efecto dominó.

Daviel llegó en ese momento.

-¿Las has puesto ya?

-Sí, no te preocupes. Ahora tenemos que volver a la habitación, esperar por las chicas y salir cagando leches de aquí. Dentro de poco esto estará lleno de esos monstruos comiéndose a cualquiera que se ponga en su camino.

Llegamos a la habitación y vimos por el camino que muchas familias se habían marchado por la puerta que Débora seguramente les había descubierto. Esperamos a que regresaran tanto Débora como Amira. Mientas venían, nosotros hicimos todo el equipaje. Nos armamos y repartimos los víveres entre las mochilas que teníamos.

Cuando llegaron nuestras amigas, nos cargamos todos los bártulos y salimos a la terraza. Sin embargo nos llevamos una sorpresa.

Baco y sus hombres nos esperaban.

-Vaya, vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Pero si son unas sucias ratas que intentan escapar después de haber desmoronado toda nuestra dulce sociedad-dijo Baco con un tono de superioridad.

-Baco-respondí-nosotros no hemos hecho nada. Has sido tú y tu control sobre estas personas lo que te ha llevado hasta aquí.

-¡Cállate zorra! Tú no sabes nada sobre mí y sobre lo que hemos tenido que pasar.

-Claro que no, como tú tampoco sabes nada de nosotros y lo que hemos tenido que sufrir. Ni siquiera sabías lo que tuvo que pasar nuestro amigo, Elías. ¿Te acuerdas de él? Seguro que sí. Ese amigo que vino con nosotros, el mismo que “castigaste” porque le dijo la verdad a un estúpido, el mismo que aguarda una presa bajo tu habitación, el mismo que has convertido en un puto zombie.

-¿Qué? Jefe, ¿es eso verdad?-dijeron algunos de sus hombres.

-Jajajaja. Ese no era digno de estar entre nosotros. No se resistió. Primero lo torturé para saber algo más sobre ustedes, pero el muy canalla no soltó prenda. Luego me aburrí de él y decidí tener una mascota especial.

-Hijo de puta- susurró Débora.

-Pero bueno, esto se acaba aquí para ustedes. Moriréis aquí y ahora.

Sin embargo, en ese momento las minas explotaron. Todo el mundo cayó al suelo, incluidos nosotros. Pero ese instante en el que aproveché para quitarme la mochila, sacar mi hacha, correr hacia ellos y comenzar una pelea con un final incierto. Pensé que fui la única en levantarse, pero de reojo vi como Débora y Daviel se habían levantado y también estaban luchando. Amira se quedó apartada, pero aprovechó para arrastrar todas las mochilas e ir pasando por la puerta.

No tardamos mucho en matar a la mayoría, no tenían ninguna noción de combate cuerpo a cuerpo. Ya solo quedaba Baco y dos hombres más. Tres contra tres. Me iba ha encarar contra Baco, pero Débora se interpuso, su venganza sería consumada. Daviel y yo no tardamos en matar a los dos hombres que quedaban y mientras Débora seguía luchando contra Baco, ayudamos a Amira a transportar todas las maletas. Pero entonces oímos un grito.

-Jajaja. No eres rival para mí preciosa. Eres débil, igual que tu novio.

Entonces la rabia que había acumulado Débora durante tanto tiempo afloró y con una rapidez que nos asombró a todos, hundió su cuchillo en el estómago de Baco, lo sacó y le asestó un golpe mortal en el cráneo. El cuerpo de Baco se desplomó en el acto y nuestra salvadora cayó de rodillas. Todos corrimos hasta ella y la rodeamos. Observé la fatalidad de su herida y pude comprobar que aquel cabrón le había herido de muerte. No viviría mucho. Aunque tuviéramos los utensilios necesarios, aquella herida era imposible que sanara.

-Iros ya. Los zombies están a punto de llegar a esta zona. Mi hora ha llegado, sigan luchando y nunca os rindáis. Ahora Elías y yo estaremos juntos.

Nos dimos la vuelta, cogimos nuestras mochilas y salimos corriendo, dejando atrás el último indicio de humanidad, pero sobre todo, dejando atrás a nuestros dos amigos. Nunca los volveríamos a ver.

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