Renacer Capítulo 24

6 Oct

¡Hola pequeños zombies!

Siento este pequeño lapsus de mi novela, pero me he dado un tiempo para relajarme y comenzar con fuerza. Espero que disfruten de este capítulo. Ya queda poco para el final…

 

Capítulo XXIV

Corríamos sin ningún rumbo a través del bosque. No mirábamos atrás, solo corríamos para salvar nuestras vidas, para dejar detrás de nosotros el horror que habíamos vivido hacía un par de horas.

Seguimos así hasta que llegamos a una casa abandonada por el hombre, apoderada por la naturaleza. Nos instalamos en ella y pudimos descansar. Mi mente aún recordaba lo ocurrido con mucha claridad; cada palabra dicha, cada sangre derramada, cada rostro, cada lágrima. Cerré los ojos y volví a vivirlo.

Baco nos había pillado a Sky y a mí hablando y algo me decía que se intuía sobre qué habíamos estado charlando, porque no me quitaba ojo de encima durante los pocos días que duramos allí.

Por la noche, ya en nuestras habitaciones, convoqué a mis amigos y les conté todo lo que me había dicho aquella muchacha. Todos estuvieron de acuerdo en que teníamos que salir de ahí, pero que sería muy complicado escabullirnos. No porque fuera difícil sortear la vigilancia, sino porque todas nuestras armas se hallaban custodiadas por sendos hombres armados hasta las trancas y dudábamos mucho de que nos las fueran a dar por las buenas, así que tendríamos que esperar hasta que el destino jugara a nuestro favor.

Sin embargo, otra preocupación nos ocupaba la mente durante casi todo el día. Elías aún no había regresado. Se lo habían llevado por desobedecer una orden directa de un superior. Al principio pensábamos que a los pocos días volvería con nosotros, con algún moratón o herida, pero que regresaría a nuestro lado. Pero eso no había sucedido. Débora no podía aguantar su angustia y le había preguntado a Baco sobre él. Su respuesta no fue muy alentadora:

-Eso a ti que te importa. Esa sucia rata nos ha desobedecido, se merece que seguir en dónde está. Y como sigas preguntando por ahí sobre él o sobre nosotros, tú correrás el mismo destino.

Desde entonces Débora lloraba por las noches en su cama, intentando ahogar su llanto con la almohada. Nuestra impotencia iba creciendo día tras día, no sabíamos cómo reaccionar ante aquella situación. Todas las personas, incluido Baco, habían cambiado. Ya no se mostraban amigables, ni simpáticas, sino todo lo contrario. Ahora se mostraban cómo verdaderamente eran; ruines y cobardes.

De todos modos, nosotros vivíamos en nuestro mundo y casi nunca nos enterábamos de las peleas que se formaban, pero desde que había llegado una sola persona en concreto me llamó la atención, y era aquel científico que nos había otorgado nuestros respectivos trabajos. ¿Qué hacía aquel tipo ahí? ¿No debería estar en unas instalaciones para averiguar el porqué de aquella plaga?

Lo había seguido durante los primeros días sin éxito alguno, pero uno de los días finales, algo despertó mi curiosidad. Había una puerta escondida en la habitación de Baco y aquel tipo se había metido en ella. Algo me decía que ahí dentro había más de un secreto que muchos querían esconder. Tenía que entrar. Sin embargo, Baco me vigilaba muy de cerca, sobre todo después de mi charla con Sky. Tendría que ir otro.

La noche en la que nos reunimos todos para hablar sobre nuestro plan de fuga y nuestras preocupaciones y secretos, comencé a pensar cómo entrar en aquella habitación y averiguar qué es lo que se escondía tras aquella puerta. Débora no podía porque al día siguiente le tocaba salir, Elías no estaba, Amira era una niña y tenía miedo de que lo que descubriera  fuera algo terrible y yo estaba vigilada en todo momento por Baco. El único que quedaba era Daviel.

Me levanté y fui a su cama. Me introduje y me acurruqué contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón y su respiración. Miré hacia él y vi su rostro. No quería perderlo, quería seguir con él y mi instinto me decía que estaría a mi lado siempre, para formar una nueva civilización junto a mí. En ese momento se despertó y me miró. Su sonrisa me iluminó y no pude sino sonreírle. Me incorporé, me acerqué a su oído y se lo conté. No podía perder el tiempo y él tenía que saberlo, ya que era él quién tenía que bajar y saber qué es lo que pasaba. Además no tendría mucho tiempo. Sus ojos se encontraron con los míos y asintió. Mañana sería el día en el que decidiríamos si nos íbamos o nos quedábamos.

Cuando nos levantamos, les conté a los demás el plan para averiguar qué había allí debajo. Dependiendo de lo que encuentre Daviel nos iríamos o no.

Cada uno se fue a su puesto, pero no tardamos en ver que muchos de los hombres de Baco corrían hacia la azotea. El resto se preguntó qué es lo pasaba. Casi todos se asomaron para ver y fue en aquel momento en el que vi a Daviel correr hacia el cuarto de Baco, me dio tiempo para ver la sonrisa que me dedicaba. Corrí para acercarme y lo vi de espaldas corriendo, mientras los demás se asomaban para ver qué es lo pasaba. Me uní a ellos y lo que vi me dejó sin aliento. Una horda de zombie se abalanzaba sobre nosotros. En lo que llevaba luchando contra aquellos seres nunca había visto semejante cúmulo de no muertos. Cada vez que alguien disparaba a alguno de esos malditos, salían dos más. No se sabía de dónde, pero cada vez había más y más y por mucho que les disparasen ellos seguían caminando hacia nosotros, hacia un banquete rebosante de sangre.

El pánico no tardó en sobrellevar a al gente. Todo el mundo gritaba y salía corriendo a por sus seres queridos o para hacer su maleta e irse. Pero en ese instante, varios hombres se colocaron enfrente de nosotros e intentaron calmarnos. A rasgos generales lo consiguieron, pero muchos de ellos mirando de una forma un tanto desconfiada a esos hombres. Como mi turno había acabado, fui a buscar a Amira y a Débora. Nos encontrábamos en nuestro cuarto, calladas, pendientes de todo el ruido que nos rodeaba, pendientes de Daviel, pendientes de alguna orden de detención.

-¿Daviel estará bien?- preguntó Débora.

-¡Seguro que sí! Él es un hombre muy fuerte y valiente. Seguro que ahora mismo viene- dijo Amira.

-Espero que tengas razón Amira.

Seguimos esperando por él. Mientras yo iba planeando nuestro siguiente paso. Viera lo que viera Daviel ahí abajo, teníamos que huir de aquella ratonera. Puede que estuvieran controlando a los zombies más avanzados, pero ellos no se cansan, tarde o temprano conseguirán su propósito y no quería ser parte de su banquete. Aún no sabía cómo podíamos huir de aquel edificio, así que me levanté, dije lo que iba a hacer y salí. Recorrí todos los pasillos con cautela, sin que nadie me viera o sospechara de mí. Veía familias esconder algunos alimentos en sus ropas y guardarlas en sus maletas, parejas que se profesaban su amor sin condiciones, hombres insultando a aquellos supuestos protectores que no hacía bien su trabajo, mujeres llorando en las esquinas.

Salí a la terraza y comencé a inspeccionar los alrededores. Me acerqué a la fosa de cadáveres con el sonido de los disparos en el fondo. Nada. Seguí buscando algo para poder huir. Aquella zona era la ideal, la parte trasera del edificio, si todo salía bien, los zombies no llegarían a esa zona muy rápido, pero tenía que encontrar un lugar por el que pasar. Pude ver la caseta dónde guardaban las armas y aquellos dos tíos seguían allí, impasibles a lo que sucedía en la entrada. Pensé que tendría que ponerse mucho peor para que aquellos dos tuvieran que ayudar. Pero, entonces, encontré nuestra salvación.

Corrí hacia la habitación para contarles mi descubrimiento, pero lo que vi me dejó congelada. Débora y Amira lloraban desconsoladas y Daviel estaba amarillo y por primera vez veía el miedo dibujado en su cara. Me senté a su lado y le rogué que me contara qué es lo que había visto. Mi miró, tomó aire y empezó.

Se había podido colar por la puerta y había conseguido entrar en la habitación de Baco. Todo parecía normal, buscó en dónde yo le había dicho y encontró la puerta. Esta era de metal grueso, así que algo gordo tenía que estar cociéndose ahí abajo. Intentó abrirla, pero estaba cerrada a cal y canto. Rebuscó por el cuarto alguna llave y la encontró escondida en un joyero. Al abrir la puerta un hedor a muerte le sobrevino. Bajó con cautela y encendió la luz. Lo que vio le dejo sin habla. Paredes de cristal transparente separaban a hombres y mujeres. Todos ellos con una tez blanca, las venas azules, ojos amarillentos, heridas por doquier. Todos ellos zombies. Siguió caminando y solo veía a aquellas personas que antaño había sido parte de aquella macabra sociedad. Algo que le desconcertó era que no veía ninguna mordida en aquellas personas, solo heridas superficiales, hechas por ellos mismos. ¿Qué les había pasado?

Sin embargo, al llegar al final del pasillo y levantar la cabeza, vio lo que todos no queríamos creer. Era un hombre alto y fuerte, aspecto amenazador, manos grandes, pelo castaño. Elías se empotraba contra la puerta de cristal, ávido de sangre. Sus ojos de color amarillo miraban a Daviel con hambre, sus manos golpeaban con mayor fuerza las paredes, como si conociera a quién tenía delante y lo ansiara con mayor fervor. Al lado de él había una bandeja con algunas jeringuillas y todas ellas vacías.

En ese momento, el llanto de Débora cesó. Su mirada se perdía en el horizonte, su cuerpo caía sin fuerza en la cama. Amira aún seguía llorando tumbada en la cama e incluso Daviel lloraba por su amigo. Mis lágrimas surcaron mi cara, no solo por el dolor de la pérdida de un ser tan querido, sino por la rabia que afloraba en mí. Aquellos hijos de puta se había dedicado ha convertir a aquellos que les desobedecían y habían hecho lo mismo con Elías.

¿Por diversión? ¿Por la ciencia? Nadie lo sabía. Pero una cosa estaba clara, se habían metido con la gente que no debían. Nuestra venganza vendría con más fuerza que nunca.

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