Renacer Capítulo 23

7 Sep

¡Hola pequeños zombies 😀 !

Aquí les dejo el capítulo 23 de mi novelilla.

Capítulo XXIII

Todo era un desastre. Cada día era peor que el anterior y estos momentos eran los peores. Todo el mundo nos miraba con caras de odio, como si nosotros hubiéramos desencadenado el apocalipsis. Y para colmo de males, Elías seguía recluido en algún lugar de aquel complejo cuyo conocimiento solo lo sabían unos pocos, entre los que no contábamos nosotros.

Nuestras labores  se complicaban cada vez más, la gente que trabajaba con nosotros intentaban por todos los medios perjudicarnos. A Daviel lo habían relegado de su puesto y ahora trabajaba en limpieza, a Débora le encargaban misiones suicidas a la hora de recolectar la comida de los pueblos vecinos, para nuestra suerte y su desgracia, ella siempre salía victoriosa de las misiones, a Amira no le molestaban mucho, pero los demás niños la acosaban o le hacían el vacío, así que se pasaba casi todo el día conmigo en la cocina. En cuanto a mí, mis compañeros de faena siempre intentaban que yo hiciera la mayoría de las tareas, algo que no permitía. Por esta razón, la mayoría de la gente comenzaba a apartarse cuando yo pasaba, nadie quería tenerme cerca. Además, pensaba yo, sabían perfectamente que era la única que había puesto pegas al entrar en aquel bastión. Aparte, yo nunca me quedaba callada y siempre preguntaba para saber más sobre la gente, sobre la situación en otras partes y poco gente me contestaba. Aún me acuerdo de todas las conversaciones que había tenido.

Estaba en la cocina con una chica que se hacía llamar Sky. Las dos estábamos solas y ella me miraba de reojo, intentando averiguar algo que no conseguía saber. Entonces decidí preguntar:

-Oye Sky, ¿cómo has llegado hasta aquí? Todo el mundo tiene su historia, ¿cuál es la tuya?

-Bueno…es muy larga y nada interesante-respondió Sky temblorosa.

Algo no me cuadraba, era como si no quisiera contármelo o puede que alguien le hubiera amenazado para que no contara nada. Aun así, insistí:

-Anda venga, seguro que es más interesante que la mía- mentí- Yo me desperté y vi todo ese desastre a mi alrededor. Iba a ir a un punto seguro, pero mis padres me convencieron para que fuera con ellos. Pero murieron y cuando encontré a los demás, me uní a ellos. No pasó nada interesante, seguro que en tu historia hay más aventuras que las mías.

-Bueno, la verdad es que sí-respondió Sky, más segura que antes- Pero…tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie.

-Te lo prometo, mis labios están sellados.

– Yo vivía cerca de aquí, con mi novio. Cuando todo esto empezó no sabíamos a dónde ir o qué hacer. Al principio decidimos quedarnos en casa, pero ese fue nuestro gran error. Era de día y uno de esos condenados entró en nuestra casa, no sé cómo pudo hacerlo, pero lo consiguió. Vi como destrozaba a mi novio, como le metía sus sucias manos por el estómago y lo abría en canal, comiéndose sus intestinos. Salí de allí corriendo y no miré atrás. Casi muero, pero entonces Baco me encontró. Estuve días y días sola, sin nada que comer o beber, hasta que él me encontró. Me llevó hasta aquí y al principio todo iba bien, éramos fuertes y todos nos queríamos. Pero todo cambió cuando llego ese científico loco. Empezó a comerle la cabeza a Baco y este empezó a cambiar. Se enfada si alguien se equivocaba en una pequeñez, incluso nos golpeaba si no le hacíamos caso. Yo que tú tendría cuidado con él y en cuanto a vuestro amigo, Elías, dadlo por muerto.

En ese momento apareció Baco.

-¡¿Qué pasa aquí?!

-Solo estábamos hablando-respondí yo-mientras el estofado se hace, pero esto ya está. Ahora mismo me lo llevo.

Y con la misma salí de la cocina. Temía por la seguridad de Sky, pero antes tenía que hacer un par de cosas.

Lo primero de todo era averiguar más sobre ese científico, el mismo que nos adjudicó cada tarea.

Lo segundo, era advertir a mi familia sobre todo lo contado por Sky.

Y lo tercero y más importante, era comenzar a trazar nuestro plan de huida.

Algo me decía que pronto tendríamos que largarnos de allí. Lo único que desconocía, y mi instinto no se aventuraba a adivinar, era que una horda de zombies de tamaño descomunal se acercaba al pueblo, lenta pero implacablemente

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