Renacer Capítulo 21

1 Sep

¡Saludos mis pequeños zombies 😀 !

Aquí os dejo el capítulo 21 de mi novela.

Cuidado…el final se acerca…

 

Capítulo XXI

Frente a nosotros se hallaba impasible el edifico que servía de escondite al nuevo grupo de supervivientes que habíamos encontrado. Nuestras armas estaban en el suelo y nuestros cuerpos expectantes de lo que podría pasar. Por la puerta principal del edificio salían cuatro hombres portando armas bien cargadas, preparados para disparar si hacía falta. Después de atravesar el laberinto de vallas que habían colocado por el camino llegaron a nosotros. Sus armas nos apuntaban y uno de ellos preguntó:

-¿Quiénes sois?

Me adelanté hacia ellos, imponente y respondí:

-Somos supervivientes de esta epidemia, a ninguno de nosotros nos han mordido. Simplemente pasábamos por este pueblo, vimos las barricadas y llegamos a la conclusión de que aquí se escondían gente viva. No venimos a luchar, solo queremos descansar, tener algo caliente para comer y saber un poco qué es lo que ha pasado.

El hombre que había hablado nos miró con desconfianza, alzó la vista y miró hacia el que se encontraba en la azotea, este asintió y, posteriormente, el hombre nos indicó que cogiéramos nuestras armas y entráramos.

Mientras caminábamos hacia la puerta principal entre las alambradas que habían puesto mi mente comenzó a funcionar. Al parecer el hombre de la azotea parecía ser el líder de aquel grupo. Además el hecho de que se protejan en un edificio tan grande solo puede ser señal de que un grupo grande viva allí.

Sin embargo, la actitud de los hombres que vinieron a por nosotros no era muy amistosa y aquello no me gustaba, algo me decía que tarde o temprano tendríamos que salir de allí. Mi instinto me decía que nos estábamos adentrando en una sociedad sin control, liderada por hombres y para hombres, en donde el ser más poderoso es aquel que se imponía sobre todos los demás.

Cuando entramos en el edificio todo el grupo nos esperaba. Según parece hacía mucho tiempo que no veían gente nueva, gente que había sobrevivido fuera todo este tiempo. En el grupo había tanto hombres y mujeres, como niños. Todo el mundo nos miraba, algunos con cara de amigos, otros con cara de enemigos. Pero en ese instante, por una de las puertas laterales, salió el hombre de la azotea. Era un hombre corpulento, bastante musculoso, de pelo castaño, ojos desafiantes e imponente figura. Se situó enfrente de nosotros y dijo:

-Mi nombre es Baco. Nuestro grupo lleva aquí escondido durante varios meses y hacía tiempo que no veíamos gente viva. Habéis sobrevivido durante mucho tiempo ahí afuera, ¿cómo están las cosas?

Daviel se adelantó y respondió:

-Aún siguen habiendo zombies por todas partes, pero ahora, por la falta de comida, son más lentos. Sin embargo si te los encuentras en grupo es mejor huir.

-Así que aún siguen viviendo esos canallas – respondió Baco – Pues bien, ya que habéis llegado hasta aquí no podemos permitir que se vayan sin comer y descansar, pero antes, tenéis que saber que esta pequeña sociedad se rige por unas reglas muy estrictas y que todo el mundo debe cumplir a raja tabla.

-Muy bien. Las cumpliremos con mucha disciplina – respondió Elías.

-Bien. La primera regla es que aquí cada persona tiene un trabajo que hacer, ya sea vigilando, cocinando, limpiando o enseñando a los más jóvenes. La segunda regla es que los hombres duermen separados de las mujeres y los niños. Tercera regla. En vuestro caso como no os conocemos deben cumplir todas las órdenes que se les den, siempre y cuando sean de un superior.  ¿Está bien claro? Ah, se me olvidaba. Vuestras armas ahora son nuestras, deben permanecer guardadas en el cobertizo, seremos nosotros quiénes os demos las armas.

Al oír la última parte todos nos juntamos y apretamos con fuerza nuestras armas. Al ver nuestra reacción, los demás nos apuntaron con las suyas. Estábamos en inferioridad, así que tendríamos que obedecer y entregar nuestras armas.

De forma ordenada cada uno entregó todas sus armas a un hombre robusto que se hacía llamar Boris. Después de eso, seguimos caminando de frente hasta llegar a un pabellón enorme en donde podíamos distinguir la cocina que había preparado, junto con el comedor y un lugar para las reuniones. Nos indicaron que nos esperáramos y así lo hicimos. Durante ese tiempo pude volver a repasar la conversación con Baco. Aquello no me gustaba. Obedecer cuando se nos dice, las armas guardadas en un cobertizo alejado del edificio principal. Todo me olía mal. Sin embargo prefería esperar hasta mañana, descansar, comer, informarme de lo ocurrido y documentarme sobre lo que pasaba allí dentro.

Todo el mundo se reunió a nuestro alrededor y comenzamos a presentarnos. Al terminar las mismas, algo me sorprendió. Todos los hombres que había visto de ese grupo eran hombres musculosos, pero en aquel momento, apareció un hombre delgaducho, sin ningún músculo, con gafas redondas. Parecía un científico. Fue ese hombre quién nos indicó qué tarea nos correspondía. A Daviel y a Elías les tocó vigilar por la noche, a Débora le tocaba incorporarse con el grupo de día que iba al pueblo a por provisiones, a Amira la unieron al grupo de niños, algo que la molestó enormemente y a mí me tocaba la cocina. Al oír aquello algo empezó a bullir en mi interior; después de haber pasado un infierno y de haber matado a numerosos zombies, ¿tenía que cocinar? MI mirada fue lo único que vio Daviel, pero fue suficiente para que supiera que iba a hacer. Con sus brazos me agarró y me susurró:

-Si no colaboramos nos echarán y tenemos que descansar. ¿Quieres que el grupo entero muera?

Nuestras miradas se cruzaron, sabía que tenía razón, así que me serené y asentí. Cada uno fue a sus quehaceres, con la cabeza cabizbaja. Ahora no estaríamos juntos y no podríamos protegernos mutuamente.

Mientras mis compañeras se presentaban y me enseñaban un poco las instalaciones, comencé a planear una idea para escapar. Sabía que teníamos que quedarnos para descansar, pero había algo que no me gustaba y sabía perfectamente, que tarde o temprano algo fallaría. Había que tenerlo todo claro para cuando ocurriese.

Lo que no sabía es que ocurriría antes de lo previsto y que dos personas morirían en la huida.

 

 

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