Renacer Capítulo 19

5 Ago

¡Saludos pequeños zombies!

Siento mucho la tardanza pero aquí tenéis el capítulo 19 de la novela. !A disfrutar!

 

Capítulo IXX

Mi vista reconocía aquella tormenta; enormes nubes grises cargadas de malas intenciones, y un viento enfurecido capaz de arrasar con todo lo que se encontraba a su paso. Aquello solo presagiaba una sola cosa, un tornado se acercaba a nosotros con la furia de un titán, y a la velocidad que iba la tormenta podía pronosticar que faltaba muy poco para que se alzase sobre nosotros. Había que salir lo más rápido posible de aquella zona.

Mis piernas comenzaron a moverse, mi respiración se entrecortaba, mi mente planeaba una huida. Entré en la casa y para mi fortuna todo el mundo estaba despierto. Me miraban con cara extrañada, tardé unos segundos en confesarlo y como si de una corriente de electricidad se tratase todos empezaron a moverse. Elías y Débora iban de la cocina al salón, llenando mochilas de provisiones, Daviel y Amira corrían desde las habitaciones hasta la sala de estar cargando ropa de todo tipo. Yo iba revisando cada arma de la que disponíamos, cargándolas y asegurándome de que no nos fallaran en un momento de ataque. En unas pocas horas teníamos cada uno una mochila abarrotada de provisiones y ropa.

Salimos de nuestro refugio, aquel que había sido nuestro rescate, el mismo que iba a ser destruido por la madre naturaleza. Iniciamos la marcha lo más rápido que nuestras piernas nos lo permitían. Debíamos alejarnos de aquella zona cuánto antes.

Rápidamente y sin ninguna pausa nos fuimos alejando de la casa. Llegado un punto volví mi mirada hacia atrás y lo que vi me dejó helada. Una columna de viento desafiante daba vueltas, acercándose cada vez más hacia la casa. En unos pocos minutos llegó hasta ella. Trozos de madera sobrevolaban la zona, pude ver una cama destrozada dar vueltas alrededor del centro del tornado, el porche destruido por la fuerza del huracán, todo cuanto se hallaba dentro de la casa había sido destruido. Si no nos dábamos prisa aquel tifón llegaría hasta nosotros y todo el esfuerzo hecho habría sido en vano.

Seguimos corriendo hacia un sino desconocido, sin un lugar al que ir, sin ningún mapa al que consultar, sin ninguna persona a la que preguntar. Poco a poco fuimos subiendo una pequeña montaña y al llegar a la cima lo vimos. La tempestad de la que habíamos huido hacía algunas horas seguía su camino. Sin embargo, no se acercaba a nosotros, al contrario, se alejaba. Había cambiado de rumbo y nos otorgaba la oportunidad de seguir viviendo, de seguir luchando por nuestras vidas.

Ahora que sabíamos que el tornado no nos pisaba los talones, nos relajamos y continuamos nuestro camino a un paso más lento. Pasamos calles abandonadas, los únicos que atravesaban esas vías eran los zombies, ávidos de carne humana, desesperados por saciar su hambre. Intentábamos por todos los medios alejarnos de las calles principales, las cuales estaban atestadas de coches. Al pasar por aquellas carreteras nuestras mentes nos trasladaban a los primeros ataques, a los primeros meses de aquella epidemia.

Las noticias nos advertían y nos informaban de los puntos más seguros, puntos a los cuales deberían ir todas las personas. Todas las familias cargaban sus coches con todos los bártulos necesarios, se sentaban en sus coches y se disponían a viajar hasta el punto seguro más cercano a su hogar. Conducían lo más rápido posible, intentando no mirar hacia los lados, siguiendo una carretera. Pero todo el mundo había hecho lo mismo. En poco tiempo las carreteras se colapsaron e infinitos coches se hallaban parados, a la espera de movimiento para poder seguir avanzando y poder seguir viviendo. Muchas familias salían de sus coches, aterrorizados, intentando llegar con sus propias piernas.

Sin embargo, nadie se percató de la amenaza que se cernía sobre ellos. Un incontable número de zombies caminaba a un ritmo lento pero imparable. Lentamente iban llegando a los coches y aquellas personas que se habían quedado en su vehículo fueron atrapadas entre las manos muertas de los zombies.

Aún recordábamos cada detalle; los gritos, los llantos, las preguntas en voz alta dirigidas a lo desconocido, las miradas llenas de miedo, de confusión, el sonido de los pasos de los muertos vivientes. Todo aquello volvía a nuestros pensamientos.

Habíamos recorrido un gran camino desde que el tifón nos obligó a huir de nuestro preciado refugio. Nuestras provisiones se iban agotando, nuestros ánimos iban decayendo y ningún pueblo aparecía enfrente de nuestra vista. Tuvieron que pasar tres días para que pudiéramos divisar un pequeño pueblo a lo lejos.

El pueblo no era muy grande y parecía desierto. Nuestras fuerzas volvieron a nosotros, la energía resurgió del olvido y una sonrisa surcó nuestras caras. Ahora podríamos descansar sin miedo a que nos atacaran e incluso, podríamos comer algo caliente. Aunque lo que no sabíamos era que nos aguardaba un siniestro destino. No éramos los únicos habitantes vivos de aquel pueblo.

 

 

 

 

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