Renacer Capítulo 18

2 Jul

¡Buenas a todos!

Aquí les dejo el capítulo 18 de mi novela. Hacer mención especial a una gran amiga sin la cual no podría haber terminado este texto. Muchísimas gracias por tu ayuda y apoyo incondicional (que planificado me salió…xD)

También darle las gracias a las personas que leen mi novela, sin ellos no podría haber continuado escribiendo.

Y sin más dilación, internaros en una historia terrorífica pero dulce…xD

 

Capítulo XVIII

Mis ojos no podían ver lo que observaban. Un zombie se encontraba enfrente de nuestra puerta, quieto, sin ningún ápice de querer moverse y morderme, de poder saciar su infinita hambre conmigo. Algo no cuadraba. Poco a poco me fui acercando con el rifle en alto apuntando a su cabeza. Lentamente me fui aproximando y cuando llegué a unos pasos de su cuerpo se giró.

Daviel se encontraba enfrente de mí, me miró y sonrió. Bajé mi arma y lo observé detenidamente. No parecía estar herido, ningún rasguño a la vista. Además, su aspecto estaba intacto, parecía como nuevo, sin ningún tipo de marca en su cuerpo. Mis lágrimas surcaron mis mejillas como barcos sin ningún destino al que llegar. Su mirada se dulcificó, su mano se posó en mi mejilla. El tiempo se detuvo, ya no vivíamos en un mundo apocalíptico lleno de zombies ansiosos de comer carne humana en donde teníamos que correr por nuestras vidas, en donde teníamos que matar para sobrevivir, sino en un mundo creado para nosotros dos, solo él y yo, unidos por algo más que el amor, algo más fuerte que eso.

Nuestros ojos se encontraron y con ese gesto lo supimos. Habíamos sufrido tanto, pero ahora estábamos juntos, tan cerca el uno del otro. Su respiración empezó a entrecortarse y paulatinamente nuestros cuerpos se juntaron y nuestros labios, deseosos de tocarse, se besaron. Pude sentir su piel, su calor emanando de él para devolverme la vida, sus ansias de tenerme, su pasión recorriendo cada fibra de mi ser. Como si el mundo no existiera nos concedimos un momento para nosotros, solo nosotros dos, besándonos lenta, pero desenfrenadamente. Sus brazos me rodearon y con un súbito tirón me cogió en volandas. Sus pasos retumbaban en la quietud de la noche, pero ningún zombie estaba al acecho y nuestros compañeros dormían cálida y profundamente. Nuestros labios se fundieron en un apasionado beso y en ese preciso instante Daviel tomó rumbo a la casa. Durante ese pequeño trayecto nuestros ojos no advertían ningún objeto tan fascinante como el hecho de tener a la persona que más amábamos enfrente. Nuestras mentes eran cómplices de lo que nos transmitían los ojos del otro. Deseábamos con ansias rozarnos, abrazarnos, besarnos, y teníamos toda la noche para nosotros dos.

 Lo anhelaba, quería sentir sus brazos alrededor de mi cuerpo, necesitaba sentirlo cerca de mí, echaba de menos esos ojos verdes intenso, pero sobre todo, la mirada que me regalaba, acompañada siempre de su hermosa sonrisa. Deseaba volver a tocarlo, cada vez que lo hacía un sentimiento me invadía, algo extraño y desconocido para mí. Quería volver a besarlo y que estuviera siempre a mi lado, protegiéndome, amándome, dándome fuerzas, como esa persona a la que todo el mundo quiere encontrar.

Ya estábamos dentro de la casa, Daviel me soltó suavemente y me quedé de pie frente a él. Me tomó por la cintura, y con su mano acarició mi mejilla derecha. Coloqué mis manos en su espalda, y poco a poco, nos fuimos acercando. Cada vez nuestros cuerpos estaban más y más cerca, nuestros ojos se acercaban, nuestros labios ansiaban tentarse. Lentamente nuestros rostros se encontraron delicadamente y nuestros ojos se cerraron sin esperarlo, nuestras bocas tomaron contacto, y a medida que pasaban los segundos, y nuestros labios seguían jugando y mezclándose, un escalofrío se apoderaba de mi cuerpo, una sensación única que me hacía sentir en las nubes, tan lejos de aquel mundo devastado por los caníbales y tan cerca de un mundo nuevo, un mundo junto a él.

Muy despacio, y sin dejar que nuestros cuerpos tuvieran la oportunidad de respirar, nos fuimos acercando al sofá que se encontraba en el salón. Daviel tomó mi barbilla, me dedicó otro pequeño beso, me miró y me acarició la cara tan suavemente que hizo que me estremeciera y deseara tenerlo más cerca. No sabía qué hacer, mi mente divagaba por otro mundo, no respondía a mis deseos, pero luché contra él. Una sonrisa surcó mi cara y mis brazos rodearon a aquel hombre que había sido mi maldición y mi salvación.

Mis ojos se encontraban cerrados, mi mente despegada de mi cerebro y mi cuerpo, vibrando de pasión, de anhelos, de tentaciones. Lentamente fui abriendo los ojos y pude observar el perfecto torso de mi amante. Sin darme cuenta mis brazos reaccionaron  y de pronto mi chaqueta reposaba en el suelo. Nuestros ojos no podían dejar de mirar cada rincón de nuestro cuerpo, que era examinado por el otro con ansias.

De forma pausada, le fui desabrochando el pantalón mientras que él me acariciaba cada ápice de mi torso. Pude notar sus manos en mi cintura y cómo, poco a poco, iba aflojando cada botón de mi camisa. Suavemente acarició mis pechos aun cubiertos por el sujetador. Continuó bajando, surcando cada curva de mi cuerpo, hasta llegar a mis piernas, ya desnudas. Nuestros cuerpos se hallaban tumbados en el sofá y en ropa interior, unidos por la pasión, por el deseo, y nuestros labios continuaban unidos sin oportunidad de separarse.

Me situé encima de Daviel y él agarró mi cintura y se inclinó para besarme. Mis manos se acercaron a mi espalda y me desprendí del sujetador. Mis pechos, firmes y redondos, quedaron desnudos. Daviel se quedó atónito y una sonrisa nació en su rostro. Sus brazos se acercaron a mi cuerpo, abrazándome fuerte y firmemente.

Sin dejar de mirarnos y de besarnos, nos fuimos desprendiendo de lo poco que cubría nuestros cuerpos hasta quedar totalmente desnudos. Una corriente entraba y salía recorriéndonos, erizando nuestro vello, ignorante de la pasión que se sentía en aquel remoto lugar. Entonces nuestras manos se alargaron y tomaron una sábana que cubrió nuestros cuerpos.

Me acerqué a él y nos miramos fijamente. Estábamos listos para unirnos en un acto lleno de sentimientos y placer.

Me desperté y pude observar cómo su rostro descansaba sobre mi pecho. Sus facciones habían cambiado, solo transmitían seguridad, tranquilidad. Una sonrisa rompió la monotonía de mis facciones y comencé a recordar la noche pasada.

Se encontraba encima de mí, deseoso de poseerme y hacerme suya. Pude entrever ese sentimiento tan excepcional y poco común hasta el momento para mí. Me sentía única; esa persona que creía olvidada, había resurgido de lo más profundo de mi ser. Lentamente, y con los ojos cerrados, pude sentir cómo se adueñaba de mi cuerpo, haciéndonos una sola persona,  cómo, con un simple movimiento, profundizó en mí.

La sonrisa volvió a reaparecer en mi rostro y justo en ese momento, él se despertó. Nos miramos y nuestros labios se acercaron, mezclándose en un intenso beso. Nuestros compañeros seguían durmiendo, nos incorporamos y nos vestimos. Antes de volver a la realidad volvimos a mirarnos, siendo cómplices de lo ocurrido aquella noche.

Salí afuera a realizar mi ronda y un mal presagio recorrió mi cuerpo, como una corriente devastando todo a su paso. Pude divisar un cúmulo de nubes grises que se aproximaban a nuestra posición. Una tormenta amenazaba nuestra calma. Lo único que no sabíamos era que algo mayor se cernía sobre nosotros.

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