Renacer Capítulo 14

11 Jun

Aquí les dejo el capítulo 14 de mi novela. ¡ A disfrutar!

Capítulo XIV

Llevábamos días caminando sin ningún rumbo. Habíamos dejado la comodidad de nuestro pequeño refugio, y experimentamos  los peores momentos de toda nuestra vida. Fueron días sin miradas, días sin conversaciones, días sin risas, días sin alma. Habíamos recorrido varios kilómetros, pueblos y pueblos sin ninguna vida humana, solo vida muerta, caminos sin frecuentar. Vimos edificios enteros caídos, casas totalmente cubiertas por la vegetación, carreteras atestadas de coches con las puertas abiertas y llenas de sangre seca. Vimos el renacer de la madre naturaleza en todo su esplendor.

Aquellos recuerdos fueron los peores. Mis pensamientos intentaban rehuir aquel instante, aquel último día a su lado, aquel día en donde todo mi ser murió, pero mis esfuerzos fueron en vano, una y otra vez volvía a aquel momento. Lo veo desatar la cuerda, mirarme con esos ojos verde intenso, y luego, pronunciar aquellas fatídicas palabras. Luego, oscuridad. Todas las noches intento no llorar, intento pensar en otra cosa, intento no volver a verlo, intento no desmoronarme, pero no lo consigo. Muchas noches Amira tiene que dormir conmigo, abrazarme y decirme al oído “no pasa nada” pero aun así, mis lágrimas deciden volver a navegar por mis mejillas, lentas pero imparables, y empapármelas. No quería sentirme así, en este estado no valía para nada. Todo el mundo tenía que protegerme, incluso Amira me protegía, a su manera, pero lo hacía. No podía seguir así, no podía, ni quería.

Pasaron algunos días más, y mi mente estaba más calmada, ya podía dirigir mis pensamientos a otras acciones más producentes para mis compañeros, ya podía relajarme, ya no lloraba por la noche, ni soñaba con él. Aún no era yo misma, aún no era aquella guerrera que tan fieramente había sobrevivido todo aquel tiempo, una parte de mí se la había llevado él, pero seguía adelante, luchando.

Tuvo que pasar alrededor de una semana para que la encontráramos. Era una pequeña cabaña de color marrón y tenía un porche de madera que la rodeada. Las ventanas abundaban en cada habitación, algunas puertas estaban soldadas, otras protegidas con tablones de madera. Nos costó entrar en ella, pero cuando lo conseguimos, una sensación de ánimo inundó nuestros cuerpos cansados.

Revisamos cada centímetro de la casa y no encontramos nada. Nadie había entrado en aquella preciosa cabaña. Cada objeto estaba en su sitio, aunque todo estaba lleno de polvo, indicio de que los propietarios se fueron hacía mucho tiempo. Comprobamos las despensas y la nevera, nuestros ánimos aumentaron al ver latas y latas de conserva de todo tipo, garrafas de agua embotelladas, un gran generador y multitud de bombonas de gasolina.

Volvimos a examinar toda la casa sin encontrar nada. Decidimos atrincherarnos allí durante un largo período de tiempo, para poder recuperar las fuerzas perdidas, y sobre todo, recuperar los ánimos abandonados, y volver a encontrarnos a nosotros mismos. Aún no lo sabíamos, pero aquella casa iba a ser testigo de un gran milagro.

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