Renacer Capítulo 13

1 Jun

¡Buenas! Aquí les dejo el capítulo 13 de mi novelilla. Espero que les esté gustando y disfrútenla.

Capítulo XIII

 Caminaba por un sendero, hacía calor y el cielo estaba despejado, salvo por unas cuantas nubes que le conferían al lugar en el que me hallaba un aspecto relajante e intocable. Llevaba puesto un vestido blanco como el papel e iba descalza. Miré por todas partes, buscando a algún zombie ávido de sangre, pero no encontré a ninguno. Mis pies me guiaban a lo largo del sendero sin ningún rumbo.

Pasé así, caminando hacia ninguna parte bastante tiempo, hasta que vi una figura en el horizonte. El sol me daba de lleno en los ojos y no conseguía definirlo bien, pero sabía perfectamente que había alguien a lo lejos. Comencé a caminar más deprisa y la figura no se movió. Seguí andando y, llegado un punto, grité:

-¡Papá! ¡Mamá!

Nadie contestó. Mis pulmones estaban al máximo, no podía correr más deprisa, ni podía gritar mucho más.

Entonces, la figura comenzó a correr, no sin antes mirarme. En ese preciso momento, mis rodillas fallaron y caí al suelo. Mis ojos empezaron a llorar, mi mano se levantó, hacia aquella figura, hacia Daviel.

Me levanté como un resorte de mi desesperado sueño y, aturdida, empecé a mirar de un lado a otro, buscándolo. En ese momento Amira llegó. La miré desconsolada y su mirada me lo dijo todo. Daviel había muerto.

Sus brazos me rodearon en un movimiento tan simple, tan dulce y amargo a la vez, que mis ojos no pudieron contenerse y más lágrimas brotaron de ellos. Pensaba que mi cupo de lágrimas había terminado hacía mucho tiempo, pero visto lo visto, los sucesos dolorosos siempre hacen avivar las lágrimas. Basta con sentirte bien y feliz para que algo salga mal y todo se tuerza en un abrir y cerrar de ojos.

Permanecimos abrazadas durante mucho tiempo, trasmitiéndonos la energía mutuamente. Sabía que ella también lo echaba de menos y sabía que también había llorado, pero ella era más fuerte. ¿Yo?, simplemente no podía. Mi mente me decía: “Levanta. Tienes que levantarte. Tienes que protegerla. Ella es lo más importante.” Pero mi corazón solo podía pensar en cada momento vivido junto a él.

No sabía dónde estábamos, ni cómo habíamos llegado, pero parecía que íbamos a quedarnos allí durante un largo período de tiempo.

Después de mucho pensar, llorar y soñar, decidí que ya era hora de continuar. Era hora de luchar contra esos podridos. Me levanté de aquella pequeña cama improvisada, y salí. El sol me dio de frente y, tras un tiempo intentando adaptarme, pude ver a Elías, a Débora y a Amira. La pequeña vino corriendo a mí con los brazos abiertos, y yo la recibí de igual modo, con un abrazo. Sosteniendo a la niña en mi pecho y con mis brazos alrededor de ella, me acerqué a los demás. Todos tenían los ojos rojos de tanto llorar, al parecer no era la única afectada. Me senté en torno a una fogata que habían encendido y pude comprobar que estaban asando algo de carne. Nadie dijo nada, era palpable el dolor y la tristeza que sentíamos con solo respirar el aire de los alrededores. Pasaron algunos minutos y no me pude contener, así que lo pregunté. Esa pregunta que nadie quería hacer.

-¿Murió de verdad?

Nadie dijo nada, pero todo lo suponíamos. Era muy improbable que hubiera sobrevivido. Era imposible.

Nuestras miradas se entrecruzaron, ninguna palabra salió de nuestras bocas, no emitimos ningún sonido, pero sabíamos lo que teníamos que hacer. Luchar.

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