Renacer Capítulo 8

28 Abr

Aquí les dejo el capítulo 8 de mi novela. ¡DISFRÚTENLO!

Capítulo VIII

Después de dejarnos solas, nos adentramos en la tienda, cogimos ropa limpia y nos dirigimos a las duchas. Tanto Amira como yo agradecimos poder ducharnos, poder sentir el agua limpia recorrer nuestros cuerpos sucios de sangre, de desesperación, de horror. Aquella ducha fue como un bautizo, como si el agua, tan corriente en otros tiempos, nos purificara de todo lo que habíamos hecho, todo lo que habíamos visto. Luego nos tumbamos juntas en una cama y sin tener que asegurar los alrededores, nos dormimos profundamente.

Me desperté tan relajada como nunca antes lo había hecho. Amira seguía durmiendo y pensé que era un buen momento para hablar con Daviel. Amira aún podía dormir algo más. Al salir del cuarto en donde dormíamos, pude ver a la chica que Daviel había nombrado como Débora. Sabía que no la conocía de nada, pero me acerqué a ella y le pedí que cuidara de la pequeña, a lo que ella respondió con una sonrisa y un asentimiento. Al alejarme de allí, pude sentir la actitud positiva de aquella muchacha, tenía ganas de luchar, de vivir. Busqué a Daviel por toda la tienda y lo encontré en un almacén, haciendo inventario de lo que tenían. Aquella conversación permanecerá grabada en mi interior hasta que mi cuerpo deje de respirar.

-Hola. Muchas gracias por acogernos en tu grupo. Es un alivio ver caras normales, sin carne entre los dientes.

-Jajaja. La verdad es que estoy muy de acuerdo contigo. Aún no me lo creo. Por cierto, no te he preguntado, ¿cómo te llamas?

-Me llamo Aral, pero todos me llaman Fe, bueno…me llamaban. La pequeña se llama Amira, ese es el nombre que le puse.

-¿Qué le pusiste?

-Sí, es largo de contar.

-No te preocupes. Tengo tiempo de sobra para poder oírte.

Y así, sin más, empecé a contarle toda mi historia. Comencé a relatarle toda mi vida a un desconocido, a alguien que no había visto en mi vida, pero una persona normal al fin y al cabo.

Al terminar mi relato, Daviel me miró, sonrió y con sus ojos me lo dijo todo. Habíamos decidido seguir luchando, seguir viviendo, todos juntos.

Fui a ver cómo estaba Amira y la encontré despierta, dibujando con unos lápices que se había encontrado. Al verme, su expresión cambió, me dedicó una sonrisa y sus ojos se iluminaron, vino corriendo y me abrazó. La senté en mi regazo y le expliqué que, desde ahora, íbamos a estar todos juntos, aquellas tres personas y nosotras dos, a lo que Amira me contestó: “A mí me da igual con quién estemos, con que estés tú, yo estoy bien”  Mi mirada se dulcificó, le acaricié la cara y la abracé. Aquella niña había visto más en mí que yo misma y me conocía mejor que cualquier otro.

Permaneceríamos con aquel grupo. Juntas a un grupo de tres personas intentando sobrevivir al apocalipsis, intentando permanecer con vida, intentando despertar de un sueño, intentando encontrar alguna zona segura para comenzar de nuevo, intentando vivir lo mejor posible, pero eso sí, todos unidos.

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