Renacer Capítulo 6

16 Abr

Aquí os dejo el capítulo 6 de mi novelilla..

Capítulo VI

Me había despertado hacia mucho, Amira aún dormía. Nos hallábamos todavía en el descampado. Después de hacer una ronda alrededor de nuestro pequeño campamento, me concedí unos minutos de descanso. Me tumbé y mi mente volvió a recordar lo ocurrido.

Después de haber permanecido durante dos semanas con mis padres, ellos me confirmaron lo que yo deseaba que no fuera verdad. La nación entera estaba invadida por zombies. Aún no se sabía la causa. No me lo podía creer. ¿Me estaban diciendo que las películas de zombies que tanto había visto nos estaban preparando para lo que podía venir? Pero eso no era todo. Mi padre pudo comprobar que si le golpeabas fuerte  en la cabeza morían para siempre. No pregunté cómo lo supo. La voz de mi padre retumbó en mi cabeza: “Recuerda, hija mía, que no te muerdan. Si lo hacen, serás uno de ellos” Después de aquella información me hicieron jurar que si alguno de ellos los mordieran, yo misma los mataría. Me llevó un tiempo asimilar toda la información, miraba por mi ventana y los veía. Para nuestra alegría, ellos no lo hacían.

Nuestras provisiones duraron una semana más. Así que no teníamos más opción que salir, pero antes de hacerlo pudimos oír en la radio que existían puntos seguros, puntos sin zombies, puntos con comida, agua y más supervivientes. El más cerca estaba a veinticinco kilómetros. Nuestra idea era coger el coche de mi padre e ir hacia ese punto. Y así lo hicimos. Al principio todo fue bien. Pasábamos de largo y ellos no podían seguirnos. Veía pasar pueblos y personas. Recorrimos muchos lugares intentando conseguir lo que podíamos. Todo estaba bien, hasta que la furgoneta se quedó sin gasolina. Lo sabíamos desde hacía un tiempo, así que íbamos guardando toda la comida y toda el agua que conseguíamos. Pasaron dos días antes del primer ataque.

Nos encontrábamos caminando por un sendero, muy cerca de una carretera. Mi madre llevaba un cuchillo en su mano; mi padre, su escopeta; y yo, mi fiel hacha. Le había advertido a mi padre que era mejor no recorrer aquel sendero, ya que se encontraba muy cerca de una carretera, pero él no me escuchó.

Nos encontramos dos de frente, mi madre  y yo nos adelantamos para atacar, ya que no haríamos ningún ruido, pero no los vimos. Había dos más detrás de nosotros, al parecer nos habían seguido sin que nosotros nos hubiésemos dado cuenta. Mi padre no se percató, ni mi madre, ni yo. Antes de poder matarlos, aquellos dos zombies, aquellos dos zombies resucitados mordieron a mi padre. Este gritó y mi madre, que se encontraba más lejos, se giró, sin pensar en las posibles consecuencias que aquella acción causaría.

Pues sí, aquellos dos zombies que se encontraban enfrente de nosotros, aquellos zombies que eran tan fáciles de matar, mordieron a mi madre también. Y allí estaba yo, entre cuatro zombies muy ocupados en saciar su desesperada e infinita hambre con mis padres, arrancándoles cada parte de su preciado cuerpo, comiéndose sus órganos, tan necesarios para nosotros y tan deliciosos para ellos. Mi sangre empezó a hervir y la rabia que guardaba dentro de mí, floreció. Cogí el hacha, me acerqué a mi madre y con una súbita furia maté a aquellos dos zombies. Luego, sin prestar mucha atención a las súplicas de mi madre para que la matara, me volví hacia los otros dos. Aquella imagen no abandonará mi mente.

Mi padre había sacado un cuchillo y con las pocas fuerzas que le quedaban había matado a uno, el otro seguía atiborrándose de su carne. Mis pies se movieron solos, mi mente estaba desconectada, mis manos actuaban por sí solas, actuaban por la rabia y la furia que emanaba de mi interior. Alcé mi hacha y con un fuete golpe atravesé la cabeza de aquel zombie.

 Mi padre aún respiraba, abrió los ojos y pudo decirme: “Llévame con tu madre, cariño” Mis lágrimas empezaban a brotar de mis ojos, y sin intentar secarlas, llevé a mi padre debajo de un árbol y a mi madre después. Desde ese ángulo podían ver el cielo. Se miraron el uno al otro y se besaron. Se cogieron de la mano y me miraron.

 Mi padre me sonrió y con una amarga, pero a la misma vez dulce voz, me dijo: “Ya sabes lo que hacer, hazlo bien. Estamos muy orgullosos de ti y siempre te hemos querido. Ahora, queremos descansar en paz. Juntos.”  Mis lágrimas aún surcaban mis mofletes, pero sabía que era lo mejor. No quería ver a mis padres convertidos en dos de ellos. Respiré profundamente y lo hice.

En ese momento, abrí mis ojos muy lentamente, aquellas imágenes aún me dolían más de lo que yo creía. Aquellas lágrimas que creía secas, volvieron a brotar, humedecieron mis mejillas y me hicieron sentirme bien. Por primera vez aceptaba lo que había pasado, aceptaba que mis padres estaban en un lugar mejor.

Desperté a Amira, recogimos todos y seguimos caminando. No teníamos un rumbo exacto, no sabíamos con lo que podíamos encontrarnos al día siguiente, ni  siquiera si aún había supervivientes, pero lo intentábamos. Caminábamos día tras día, sobreviviendo como podíamos. Cada una había vivido un infierno para poder llegar hasta donde estábamos. Cada una tenía unos recuerdos olvidados, dolorosos de recordar, pero que te hacían sentir viva a la misma vez. Cada una tenía una historia y esta es la mía.

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