Renacer Capítulo 5

12 Abr

Aquí os dejo el capítulo 5 de Renacer. ¡Disfrútenlo!

Capítulo V

Nos encontrábamos escondidas detrás de un camión, ninguno de ellos nos veían.  Amira me miraba con los ojos muy abiertos, su respiración era rápida. Tenía miedo. Ella conocía nuestra situación y sabía perfectamente que si no conseguíamos comida no duraríamos mucho más. Me abrazó con todas sus fuerzas, dándome ánimos, como si quisiera transmitirme todas sus energías. Mi mente intentaba imaginar un posible camino hacia el mercado por el cual la pequeña no corriera ningún peligro. Todos mis intentos fueron fallidos. Volví a mirar hacia la tienda, más zombies se había unido a la fiesta. Aún no comprendía por qué los zombies se agrupaban en un mismo sitio.

 Una fugaz idea pasó por mi cabeza, ¿y si hubiera supervivientes en aquel lugar? Volví a mirar, pero esta vez con más detenimiento. No vi nada. Saqué mi rifle con la mirilla y miré por ella. No vi a nadie por ningún lado, ni siquiera por el techo. Mis esperanzas de salir viva de allí iban disminuyendo. Tenía que hacer algo. Pasé algunos minutos intentando concebir algo en mi mente mientras oíamos los gruñidos de los zombies, algunos cerca, otros lejos, hasta que un plan, un tanto temerario, cruzó mi mente.

 Lo primero de todo era esconder a la pequeña,  su vida era lo más importante para mí. Miré a mi alrededor y vi otro camión bastante lejos. Corrí hasta allí, aseguré la zona y escondí a Amira. La pequeña ya me conocía lo suficiente como para saber que algo había pasado por mi mente segundos antes. Sabía a la perfección que si no regresaba, tendría que marcharse lo más lejos que pudiera.

 Después de ocultar a la niña volví al camión que se encontraba más cerca del mercado. Volví a sopesar la situación, seguía igual de mal que la vez anterior. Observé mis alrededores con mucho más detenimiento y para mi fortuna, mi plan podía llevarse a cabo.

Había una tienda de música unos metros más allá del mercado. Para los que tengan poco imaginación, en una tienda de música podría haber mini cadenas y esa sería mi salvación. Por lo que podía haber visto en un primer vistazo, los zombies no habían llegado a esa parte de la calle, así que me resultaría muy fácil llegar a la tienda.

Me oculté hasta llegar a ella, una vez dentro busqué alguna mini cadena. No encontré nada. Mis ánimos estaban en mis doloridos pies, pero me acordé de Amira y pude recuperar mi compostura. Logré recordar que en las tiendas de música el gerente era quién ponía la música que sonaba cuando iba a comprar. Recé para mis adentros que hubiera electricidad o que por lo menos hubiera un generador a parte. Cuando llegué a la sala del gerente, la fortuna volvió a sonreírme. El equipo de música seguía funcionando. Lo conecté, subí el volumen al máximo y salí de allí tan rápido como pude. Al salir de la tienda me escondí.

 No sé si fue el destino o fue el puro azar, pero los zombies cerca del mercado escucharon la música y muy lentamente fueron arrastrando sus penosos pies en dirección a la tienda. Volví con Amira, la cual me dedicó una amplia sonrisa, mi favorita.

Esperamos durante una eternidad hasta que todos los zombies se hubieran ido. Salimos corriendo hacia el mercado, le di una mochila a Amira y le indiqué la comida que debería coger. Cogimos lo que necesitábamos y salimos de allí.

Tanto Amira como yo estábamos felices. Las dos nos encontrábamos vivas y juntas. Nos alejamos de la ciudad lo más que pudimos. Si nos quedábamos cerca de ella los zombies podían llegar a nosotras. Ellos caminaban sin ningún rumbo, así que era probable que tarde o temprano nos encontraran.

Después de mucho caminar llegamos a un descampado. No era lo que había deseado, pero era mejor que nada. Además, si en plena noche divisábamos a uno de ellos, podía acercarme y matarlo o huir de ellos si fueran muchos. Encendí una fogata como pude, no era inmenso pero el fuego sube los ánimos y, la verdad es que lo necesitábamos.

 Amira se acurrucó a mi lado y se durmió tan rápido que no pude hablar con ella. La observé durante un largo y duradero tiempo, pude ver cómo sonreía cuando soñaba, cómo se acercaba a mí para conseguir más calor. Miré al cielo y le di las gracias. Aún no sé a quién o a qué, pero daba las gracias por compartir estos momentos con alguien, por sentir, por primera vez, que estaba en paz, y todo gracias a ella, a la pequeña, a mi bautizada niña. Amira.

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