Renacer Capítulo 1

8 Abr

Este relato es de cosecha propia. Un gran día me dio por empezar un relato sobre zombie, se lo pude leer a mis compañeros y quiero compartirlo con todo el mundo.

¡Espero que les guste! 😀

Capítulo I

Edificios vacíos, coches abandonados, basura apilada por doquier, ventanas rotas, cristales en el suelo, tiendas saqueadas, las puertas de las casas abiertas de par en par, las farolas rotas, suciedad por todos lados, ningún alma, ninguna persona por la calles. Esto es lo que veía al mirar a mí alrededor. Era de noche, la calle parecía desierta… parecía… Eso es lo que dicen todos, hasta que los ven de frente. Se esconden por todos lados, en una esquina, dentro de un contenedor, agarrados a algún saliente… Esperando a saltar y atacarte, esperando a morderte y conseguir su preciada sangre caliente. Son muy lentos, no hablan y se guían por el oído. Uno de esos no importa, le disparas en la cabeza o le asestas un golpe fuerte en la misma, y listo. Está muerto. Pero el problema está cuando son muchos.  Con muchos no me refiero a una pareja, ni a ocho… sino a veinte, incluso treinta, llegando, a veces, a cincuenta. Es en ese momento en el que piensas: “Corre, insensato” Ellos no se cansan, nosotros sí.

Y allí, en medio de esa calle, me encontraba yo. Mi nombre, quizás no deberían saberlo; mi edad, difícil de averiguar en estos tiempos; mi lugar de nacimiento, destruido, inexistente. Llevaba varias semanas vagando por esa ciudad y no había encontrado ningún superviviente, ni ninguna provisión.  Llevaba un arco a mis espaldas y sus respectivas flechas, una escopeta en mi muslo derecho y un machete en el otro, y no olvidemos el hacha, como si parte de mis extremidades se tratase. Era un arma muy efectiva y silenciosa. Estaba bien surtida en lo que armas se refiere, pero se me estaba acabando la munición.

Eso es bastante peligroso, sobre todo estando en una ciudad. Allí, hay más de ellos, más de esos… Algunos los llaman viandantes, otros viajeros, yo los llamaba “zombies”. Cuanto más cerca estés de una ciudad, más habrá de ellos y más posibilidades de morir, pero también, hay más municiones, más provisiones, y, ¿porqué no? supervivientes.  Deseaba encontrar un resquicio de humanidad, donde fuera.

Estaba allí de pie y un súbito recuerdo inundó mi mente. Acababa de terminar mi turno en la pastelería. Estaba agotada. Me fui a casa y como siempre, antes de acostarme, la cerré. Era muy maniática con la seguridad y, ahora pienso que esa fue la causa de que aún siga viva.  Me desperté y nada más  asomarme a la ventana lo vi. Todo el mundo corría enloquecido, unos con sangre en la boca y persiguiendo a otros, estos otros, huyendo de sus perseguidores. No sabía que pasaba, estaba confundida. Encendí la televisión, a lo mejor las noticias decían algo sobre lo que yo acababa de ver. Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo que pasaba.

Aún puedo recordar la voz del presentador: “Estamos en estado de alerta máxima. No salgan de sus casas, cierren todas las ventanas, no vayan a por sus seres queridos. Quédense en sus casas. Cojan algo afilado y proteja a su familia. Aquí les dejo con las medidas que deben llevar a cabo.” Aquí cambiaba el presentador y el nuevo decía: “Deben golpearles en la cabeza, si no pueden, sepárensela del cuerpo y luego quémenlos. Así es la única manera de liquidarnos definitivamente”  No me lo podía creer, esto no podía estar ocurriendo, pero así fue.

Un ruido me despertó de mis cavilaciones y me devolvió a la cruda realidad. Tenía en mi mano el hacha, lista para pelear, cuando, de repente, veo cómo una niña sale de un coche. ¿Mis ojos me engañaban? ¿Una niña? ¿Es esto una ilusión? No, no lo era. Allí estaba la niña, mirándome con sus ojos azules. Tenía miedo, así que avancé muy despacio y cuando estuve cerca, me agaché. La miré a los ojos y súbitamente, me abrazó.

 Al igual que yo, ella estaba desesperada por encontrar a alguien, tener algo de contacto humano. Intenté hablar con ella, pero no me respondía, así que pensé que aún no confiaba en mí lo suficiente. Le tendía mi mano, ella la agarró y así, sin más, en un mundo apocalíptico, dominado por el caos, dos humanos, una mujer guerrera y una niña, caminaban en medio de una calle en busca de más gente y con la esperanza de no toparse con algunos de ellos y de poder ver el próximo amanecer.

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